Encontrar vivienda es difícil. Encontrar vivienda en Suiza es chungo. Encontrar vivienda en Lausanne es un infierno.
Yo empecé a buscar piso en junio, porque antes no podía por estudiar para los exámenes. Y fue un no parar. Una de 24/7 mirando webs de anuncios, de inmobiliarias, de la universidad... Todo para que a) No contestaran; b) Contestaran para decir que no; c) Pedían visita; d) El día de visita había pasado; e) Todas las anteriores. Total, un desastre. Primero buscaba para mí, luego busqué por foros y me junté con otros dos chicos que también buscaban piso en Lausanne, para ver si veíamos algo para los tres. Tampoco. Hasta que un buen día, vi la luz.
Y la luz era una habitación en un dúplex, a compartir con un chico cubano llamado Ariel. Hablé con él, nos caímos bien, medio acordamos que la habitación sería para mí, y decidí ir a Lausanne para ver el piso y ya de paso hacer alguna visita. Pero yo iba a tiro fijo con lo del cubano. Y además el susodicho me ofreció quedarme las dos noches en la que iba a ser mi habitación. Todo parecía perfecto y resuelto. Cuán equivocado estaba.
Así que nada, allá que fui, todo feliz porque iba a conocer la ciudad, y el piso, y mi compañero etc. Llegué por la mañana, visité la ciudad, quedé con un conocido para comer, y me fui para el piso. Primer chasco: el cubano no me cogía el teléfono. Fantástico. Después de mil llamadas y de esperar una hora y pico en la calle (su piso no aparecía en el telefonillo), decidí darme una vuelta por la manzana, y cuál es mi sorpresa cuando veo que unas puertas que yo había tomado por trasteros resultaron ser pisos. Y allí estaba el piso de mi amigo Ariel. Llamé al timbre, y a los cinco minutos abrió.
Se dice que la primera impresión es muy importante, y que en unos pocos segundos tu cerebro es capaz de decidir si dicha persona te cae bien o no. Bueno, pues lo primero que vi del cubano fue... todo. O casi todo. Porque me abrió en calzoncillos. Con toda la calma oye. Ah, y el cubano tenía 40 tacos, estaba divorciado y tenía una hija de 5 años. Fantástico oye.
Por fin, entro en el dúplex, y no resultó ser como esperaba. Era oscuro, desordenado, sucio, sin muebles, en mi habitación estaban los armarios con la ropa de él, de su ex-mujer, de su niña, y la gran sorpresa: de un amigo que había ido a quedarse "unos diitas" (según me dijo el amigo más tarde, en realidad se quedaría varios meses). La cosa no podía pintar peor. Bueno sí. También tenía, a modo de mesilla de noche, el congelador de la casa con un pedazo de carne (¿¿¿¿????) y el wi-fi apenas llegaba. Ah, y mi baño estaba en la entrada y no tenía luz.
Quise morir. Mucho. Salí de allí alegando que había quedado y me fui sólo al McDonald's, a despejar mi mente. Adivinad a quién me encontré allí... Mira que hay sitios... Bueno, pues me tuve que encontrar a Ariel y a su diabólica hija... Chupi...
Luego volví al piso, pero ya había tomado una decisión.
No podía - ni quería - quedarme allí una sola noche. Llamé al conocido con el que quedé por la mañana (Alberto), y le supliqué que me dejara quedarme en su piso, en una residencia. Accedió, y no tardé ni medio segundo en recoger mis cosas y salir de aquel antro pitando. Una vez en el piso compartido de Alberto, todo fue a mejor. Conocí a sus compañeros de piso, los cuales, además de darme ánimos y sacarme de fiesta al festival de jazz de Montreux, me ayudaron con la búsqueda de piso (¡gracias Jime!)
Por fin, encontramos un anuncio de un estudio individual de 18 m2 situado en la misma residencia del propio Alberto. Era sólo para 6 meses, pero me daba igual, era lo mejor que tenía. Contacté con el anunciante, y quedamos al día siguiente a las 15:30. Tenía su riesgo, porque mi avión salía a las 18:00. Pero vi el estudio, me gustó, y aunque no lo hubiera hecho, enseguida me puse con la solicitud y los papeles, y llegué incluso con tiempo al aeropuerto. Pero aún quedaba que aceptaran mi solicitud los de la inmobiliaria. Y, aunque tardaron lo suyo y me pasé una semana y media llamando a Suiza todos los días varias veces al día, al final recibí el visto bueno.
Y eso fue todo. El viernes viviré feliz y comeré... Bueno, aún no sé lo que comeré. Pero me sabrá bien.
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