martes, 6 de noviembre de 2012

Un cerebro en una cubeta


Todos vosotros habréis oído hablar en las clases de filosofía (los que no estuvierais durmiendo, claro) de un francesito llamado René Descartes. A él le debemos gran parte de la geometría analítica con las coordenadas cartesianas; y por supuesto la famosísima frase cogito ergo sum (pienso, luego existo), sobre la cual gira esta entrada, formulada en su obra "El discurso del método". 

Respecto a las coordenadas cartesianas, os dejo una cita de Sheldon Cooper en The Big Bang Theory...

"Ése es mi sitio. En este mundo siempre cambiante es el único punto de referencia. Si mi vida se expresara como una función en un sistema tetradimensional de coordenadas cartesianas, ese sitio, en el momento en que yo lo encontré, sería el (0; 0; 0; 0)."


Pero en fin, no estoy aquí para hablar de coordenadas cartesianas, sino del cogito. Descartes defendía que nuestros sentidos podían ser engañados. Prueba de ello son las ilusiones ópticas. Como toda nuestra experiencia de lo real depende de nuestra percepción de lo externo a través de nuestros sentidos, dicha percepción está sujeta a la falibilidad de éstos. Es decir, que todo lo que nosotros creemos cierto podría no serlo porque cabe la posibilidad de que nuestros maravillosos sentidos nos fallen. Con esto en mente, Descartes se propuso hallar algo que fuera verdaderamente cierto. Y llegó a la siguiente conclusión: “Dudo de todo, pero no puedo dudar de que estoy dudando. Por tanto, dado que dudo, he de existir. Pienso, luego existo”.

Ahora que hemos entrado en materia, vayamos con el experimento del cerebro en una cubeta. El cerebro funciona mediante los impulsos eléctricos que generan sus neuronas, lo cual permite transformar un estímulo externo (una visión de algo, un sonido, el tacto de un objeto…) en energía electroquímica, llevando a la activación de determinadas regiones cerebrales. Según esto, la activación directa de dichas regiones cerebrales debería generar en nosotros la misma percepción que si nos estuvieran tocando, o estuviéramos escuchando, viendo, oliendo o degustando algo de verdad. De hecho, en algunas intervenciones de neurocirugía se usan electrodos para estimular zonas corticales y asegurarse de no dañar cosas que no deberían.

Ahora bien, supongamos que un genio -porque habría que ser un genio para conseguirlo, y un poco retorcido por cierto- logra mantener un cerebro vivo dentro de una cubeta, conectado a una máquina que le envía impulsos eléctricos de manera que simule los impulsos que recibiría provenientes de los sentidos. La máquina es capaz de generar una serie de descargas eléctricas en una serie de regiones del cerebro en la cubeta que serían idénticas a las que se generarían si, por ejemplo, estuviéramos jugando al fútbol o escribiendo una entrada en el ordenador sobre un cerebro en una cubeta. En caso de que yo fuera ese cerebro, nada, absolutamente nada, podría revelarme que sólo soy un cerebro en una cubeta, puesto que las experiencias “verdaderas” y las “falsas” generadas por la máquina provocan en mi cerebro exactamente las mismas reacciones.




Esta idea ha sido utilizada en literatura y en el cine. Sin ir más lejos, el argumento de la saga The Matrix recrea a la perfección un mundo en el que los humanos están en una cubeta sometidos a impulsos generados por las máquinas y que recrean para ellos una realidad alternativa localizada siglos atrás en la que ellos son aún la especie dominante en la Tierra.

Y para terminar, unas viñetas que resumen lo que acabo de contaros.








Y esto es todo. O lo sería, si fuera real.

Duda siempre de ti mismo, hasta que los datos no dejen lugar a dudas.

2 comentarios:

  1. Qué cojonudo. Me gusta mucho esta entrada. Un resumen hiperbreve de la filosofía cartesiana, buenas citas (la de Sheldon es buenísima), ejemplo clarísimo de lo expuesto con Matrix, viñetas... lo tiene todo, jeje.

    Por cierto, ¿se podría hacer lo del "cerebro en la cubeta" pero sin estar en una cubeta? Es decir, hacértelo directamente estando inconsciente o algo así. Es que se me ocurre que los médicos del futuro se podrían ganar la vida proporcionando experiencias a la carta simplemente abriéndote la cabeza y enchufándote unos electrodos ¿Que eres muy feo y no ligas? Pues nada, llamadita al neurocirujano y sexo asegurado (o al menos aparentemente).

    De hecho, me resulta extraño que eso no esté ya inventado... ¿porque no lo está, no?

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    1. muy interesante , pero por qué no suponer que todo, incluido el resto del universo es sólo producto de la imaginación y somos un ser único? existen "los otros"?gonzalo

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