jueves, 11 de octubre de 2012

Miembro fantasma

Hoy ha sido un día particularmente interesante. Os cuento.

Estoy matriculado en una asignatura optativa llamada "Douleurs" (Dolor). En ella nos enseñan cómo evaluar el dolor y sus diferentes modalidades, cómo lidiar con el sufrimiento del paciente, cómo tratarlo, tanto a nivel biológico (aliviar el dolor) como a nivel psicosocial (aliviar el sufrimiento).

Cuando hablamos de dolor, es importante distinguir dos tipos de dolor. Por una parte, tenemos el dolor agudo, que es aquél que sentimos como respuesta a un trauma en alguna parte de nuestro cuerpo, ya sea un golpe, una quemadura, una reacción química nociva... En este grupo se engloba también el dolor post-operatorio, aunque dure algunos días o semanas.
Por otra parte, está el dolor crónico. El dolor crónico es aquél que dura al menos 3 a 6 meses más del tiempo previsto de curación del problema por el cual acudió el paciente con dolor por primera vez. Lo malo del dolor crónico, es que muchas veces no tiene una causa concreta, y es difícil establecer el diagnóstico de "dolor crónico". Por eso el criterio del médico que atiende al paciente es muy importante. 


Ahora que he introducido estas dos nociones, voy a hablaros de un tipo concreto de dolor crónico: el dolor del miembro fantasma. Cuando una persona sufre una amputación, ya sea ésta traumática o quirúrgica, es bastante común que, pasados unos días, refiera dolor en alguna zona del miembre ya inexistente. Es lo que se conoce como "miembro fantasma". Lo más increíble es que el paciente describe el dolor con asombroso detalle. Hoy hemos tenido la suerte de poder hablar con dos pacientes que padecen este tipo de dolor.
El primer paciente tenía su pierna derecha amputada a unos 10 cm por debajo de la rodilla debido a una complicación al extirparle una exóstosis que apareció por un problema en la arteria poplítea. Imaginaos el panorama: vas al médico porque te duele la rodilla, y cuando vuelves a tu casa te han amputado media pierna. Es evidente que la sensación de injusticia de este paciente es importante, y probablemente ello tenga que ver con la poca o nula respuesta que por lo visto estaba dando a los tratamientos antiálgicos que se le llevaban suministrando desde los 80. Se veía al instante, sólo por su aspecto general, que le dolía una barbardidad. Le costaba hablar y moverse (llevaba una prótesis, por lo que caminaba de pie sin ayuda). Él mismo describió el dolor como muy opresivo, como si algo le agarrara la pierna muy fuerte. El dolor además se extendía por el muñón, con sintomatología simpática. El anestesista que daba la charla procedió entonces a realizar un bloqueo simpático (inyección de un anestésico local en uno de los ganglios simpáticos paravertebrales lumbares), con alivio inmediato del dolor. 

El segundo paciente fue mucho más instructivo. Su pierna izquierda había sido amputada por debajo de la nalga cuando tenía 10 años, por culpa de un osteosarcoma (tumor maligno del hueso). Estuvo una década con dolores, en parte por la propia amputación y el dolor del miembro fantasma, en parte por un intento frustrado de alargar lo que le quedaba de pierna mediante el método Ilizarov (básicamente este método lo que hace es aprovechar la capacidad de regeneración del hueso, separando dos fragmentos de hueso 1 milímetro diario - para más información http://es.wikipedia.org/wiki/Elongaci%C3%B3n_%C3%B3sea), cosa que el paciente describe como el dolor más insoportable al que se ha visto sometido nunca. El caso es que consiguió mitigar sus dolores, y vivió durante 30 años bastante bien, se casó, tiene 3 hijos, trabajó para la UEFA... Hasta que un día se cayó sobre el muñón, y volvieron los dolores, incluido el del miembro fantasma, que describía como si le pinzaran con unos alicates el dedo gordo del pie. Y esta vez no conseguían tratarlo. 
Hasta que un buen día, al anestesista se le ocurrió utilizar un método innovador: un espejo. Colocando un espejo grande entre las piernas del paciente, cuando éste miraba al espejo, veía reflejada en él su pierna derecha, de manera que parecía que era su pierna izquierda. Y el milagro ocurrió: el dolor desapareció. Lo que el paciente describe muy acertadamente es que su cerebro no acepta que no haya pierna, y se vuelve un poco loco, y al engañarle mediante la vista con el truco del espejo, el cerebro ve que la pierna está bien, y se tranquiliza.

Curioso, ¿verdad?

Os animo a hacer un experimento. Ahora se acerca Halloween, y las tiendas de disfraces estarán a rebosar de brazos y manos de mentira. Si podéis, adquirid uno que parezca más o menos real. Coged una caja grande de cartón, y hacedle dos agujeros por donde pueda caber vuestro brazo y el de mentira, uno en la parte frontal y otro en la parte lateral, de manera que, colocando vuestro brazo y el de mentira sobre una mesa y poniendo la caja encima, os quede algo parecido a esto


Con esto, lo que conseguiréis es que parezca que el brazo de mentira es vuestro brazo saliendo de la caja. Si esperáis un rato y pincháis o pellizcáis la mano de goma, es posible (no es 100% seguro) que lo sintáis como si os lo hubierais hecho a vosotros mismos.

Maravillas del cerebro...

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